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miércoles, 21 de diciembre de 2016

CENA DE NAVIDAD

CENA DE NAVIDAD

La navidad es una fiesta que pertenece a occidente, para los creyentes es la natividad de Jesucristo para los no creyentes en una celebración familiar importante, porque se reúne la familia y se come juntos con celebración una vez al año.

Lo que se come, la forma de celebrarlo varía de familia a familia, de lugar en lugar, de entorno y contexto cultural. Eso lo podemos cosntatar en nuestro propio país, México.

La cena en mi casa proviene y se estructura desde la familia paterna, mi abuelo fue embajador y la navidad fue una fiesta especial influída sobre todo por su permanencia en el extranjero y por la estancia de esta familia en Nueva York a finales de los años 30. Mis familiares maternos la celebrarban más a la mexicana, con romeritos, pierna, tamales. En la casa grande paterna no podía faltar el Pavo cocinado de muchas maneras, los ravioles, el bacalao que se servía al lado de chocolates y otros confites. Algo que aprendí es a poner la mesa, el orden de los cubiertos, las copas, su uso, la manera de abrir los vinos, el adorno que debe ir en la mesa para que sea espectacularmente agradable.

Para esa noche todos en la casa se ponían sus mejores galas, cuando no estrenaban la ropa que se había guardado para esa ocasión. Vinos blancos y rojos en la mesa, refresco y agua para los que no quisieran vino. Uno terminaba inmensamente lleno para al final degustar los turrones.

Era el momento de abrir los regalos, que se concentraban en torno a la figura de mi padre quién tomaba al azar y leí la tarjeta pegada en la envoltura, "De fulano, para perengano" , el obsquiado se apresuraba para abrirlo y todos observaban lo que le habían regalado y su sonrisa de emoción y satisfacción. Así se abría uno a uno hasta que en la mesa no quedaba ninguno.

Al final, pasabamos del comedor a la sala y todos, de acuerdo a su edad y afinidades nos reuníamos en torno a la chimenea que estaba prendida desde el inicio de la celebración, con sus regalos. Juguetes, prendas de vestir, pequeños objetos personales, libros, los libros nunca faltaban.

La conversación, se prolongaba hasta altas horas de la nocho y cuando se sentía cansancio, aquellos que vivían fuera partían, quedando sólo los de la casa. Recogiamos la mesa, los platos, ayudabamos a lavarlos y finalmente con toda la emoción ibamos a dormir, para despertar muy tarde al día siguiente.

Con los años he sido invitado a otras celebraciones. Hay quiénes no le dan tanta importancia a la cena, tamales, atole, romeritos y al final terminan en un baile con música a todo volumen. He aprendido a adaptarme a festividades menos solemnes y a respetar las concepciones de lo que cada quién cree debe ser la fiesta. 

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